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Reflexiones diarias, súplicas y oraciones

Sábado, 09 de abril de 2022

1. Reflexión

… – El alma:  Señor, oigo Tu voz que me llama a abandonar el mal camino, pero no tengo ni valor ni fuerza.                                                                      

– Jesús:  Yo soy tu fuerza, Yo te daré fuerza para luchar.

– El alma:  Señor, conozco Tu santidad y tengo miedo de Ti.

– Jesús:  ¿Por qué tienes miedo, hija Mía, del Dios de la Misericordia?  Mi santidad (80) no Me impide ser misericordioso contigo.  Mira, alma, por ti he instituido el trono de la misericordia en la tierra y este trono es el tabernáculo y de este trono de la misericordia deseo bajar a tu corazón.  Mira, no Me he rodeado ni de séquito ni de guardias, tienes el acceso a Mi en cualquier momento, a cualquier hora del día deseo hablar contigo y deseo concederte gracias.

– El alma:  Señor, temo que no me perdones un número tan grande de pecados; mi miseria me llena de temor.

– Jesús:  Mi misericordia es más grande que tu miseria y la del mundo entero.  ¿Quién ha medido Mi bondad?  Por ti bajé del cielo a la tierra, por ti dejé clavarme en la cruz, por ti permití que Mi Sagrado Corazón fuera abierto por una lanza, y abrí la Fuente de la Misericordia para ti.  Ven y tomás las gracias de esta fuente con el recipiente de la confianza.  Jamás rechazaré un corazón arrepentido, tu miseria se ha hundido en el abismo de Mi misericordia.  ¿Por qué habrías de disputar Conmigo sobre tu miseria?  Hazme el favor, dame todas tus penas y toda tu miseria y Yo te colmaré de los tesoros de Mis gracias… (Santa María Faustina Kowalska, La divina Misericordia en mi alma, Diario 1485).

2. Súplicas:

  • Oremos por las personas que han perdido la esperanza y por los que están bajo la influencia del mal,
  • Pidamos la gracia de renunciar a la soberbia y depender de la gracia del Señor,

3. Propósitos del dia:

 Recibir al Señor a través de mi prójimo.

4. Oración Final:

Oh Jesús, Fuente de la vida, santifícame.  Fuerza mía, fortaléceme.  Única luz de mi alma, ilumíname.  Maestro mío, guíame; me confío a Ti como el recién nacido al amor de su madre.  Aunque todo se conjure contra mi y aunque me falte tierra bajo los pies, estaré tranquila junto a Tu Corazón.  Tu siempre eres para mi la más tierna de las madres y superas a todas las madres.  Te cantaré mi dolor con el silencio y Tu me comprenderás mejor que si me expresara de cualquier otro modo. Amén. Oh Mi Buen Jesús Misericordioso, Rey de Misericordia, confío en Ti y solo en Ti espero. Amen ¡JESÚS, EN TI CONFÍO! (Santa María Faustina Kowalska, La divina Misericordia en mi alma, Diario 1490).

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«Y no hay alma que no tenga el deber de orar,  porque toda gracia fluye por medio de la oración»  (Diario 146).


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