Charlas y formaciones

PREPARANDO EL PRIMER ANIVERSARIO DE NUESTRO GRUPO DE ORACIÓN E INTERCESIÓN
REMAR MAR ADENTRO
Lectura de Lucas 5,1-11

Esta frase del Evangelio según San Lucas, es para nosotros una invitación a renovar nuestras almas en la fuente de vida que Es El Señor. Es una llamada a una profunda vida cristiana según la voluntad del Señor.

Hemos elegido este tema, porque nuestra vida como testigos de la Divina Misericordia y militantes por el Triunfo del Inmaculado Corazón de María, nos exige ir creciendo gradualmente hacia un encuentro definitivo con Dios.

Por lo tanto, vamos a seguir los pasos de este pasaje del Evangelio, que nos presente la figura de Jesús en la llamada particular de Pedro, para que descubramos lo que nos quiere decir a nosotros hoy el Señor, estando en su servicio para el bien de las almas.

1º Jesús situado en la orilla del lago Genesaret.

Desde el primer versículo, el evangelista nos informa que la muchedumbre se agolpaba sobre Jesús, para escuchar la palabra del Señor. Aquí, no tenemos ningún detalle sobre esa multitud, son todos anónimos, todos tienen hambre y sed de la palabra y de la presencia real del Señor en su vida.

2º Jesús sube a la barca de Pedro y se aleja un poco de la orilla

Aquí vemos a Jesús que siembra en los corazones de los hombres la semilla de la palabra. Les enseña, los instruye y les habla del reino de Dios del misterio divino. Además, descubrimos aquí otro elemento fundamental que es la “elección”.

En efecto, de las barcas que había en la orilla, Jesús decidió subir en una sola barca, que es la de Pedro. Una vez dentro de la barca, Jesús toma iniciativa de alejarse de la muchedumbre.

Palabras claves: elección, alejamiento y enseñanza.

3º Jesús avanza en la profundidad del mar con los pescadores.

Vemos a Jesús en una escena en la que va a dar a conocer el misterio de su Persona. No solamente Jesús invita a remar mar adentro, sino también ordena a los pescadores echar las redes para pescar.

Desde este gesto de Jesús, Pedro descubre su nueva misión, la grandeza y el poder del Señor.

Aquí es importante fijarnos en la forma de hablar de Jesús, les dice: “echad vuestras redes para pescar.” (Lc. 5, 4). Esta frase de Jesús es a la vez un consejo y una orden.

I. Lectura de estos tres elementos en la misión que el Señor nos ha encomendado.

 En estos tres elementos de la lectura, el Señor nos instruye sobre la dinámica de la misión que Él nos encomienda. Lo que Él hizo experimentar a Pedro, es lo que nos dice a nosotros hoy en día.  Jesús se aleja un poco de la multitud, se acerca a Pedro y transforma su vida en pescador de hombres.

Jesús no menosprecia a la multitud hambrienta de la palabra de Dios, más bien, Jesús mira dentro de la multitud, se da cuenta que hay personas que le pueden ayudar en su misión para la salvación de las almas. De esas personas, Jesús descubre a Pedro, se le acerca y llama a su puerta, es decir a su corazón. Lo hace a través de la elección de su barca. Jesús eligió la barca de Pedro, pero lo que más le interesaba no era la barca sino Pedro. De allí podemos entender que el Señor, cuando nos llama no mira nuestra apariencia, lo que somos o lo que tenemos, más bien nos elije y nos llama según su sabiduría divina, aunque siempre respeta nuestra libertad a la hora de responder a su llamada.

¿Qué sucede cuando Jesús toca a la puerta del corazón de Pedro?

  1. Jesús da la primera orden y Pedro obedece: «Subiendo a una de las barcas, que era de Simón, le pidió que se alejara un poco de tierra; y, sentándose, enseñaba desde la barca a la multitud¨. (Lc. 5,3).

Jesús enseña, se desvela, pone en marcha el inicio de una amistad discreta, y suscita una confianza entre Él y el propietario de la barca (Pedro).

  1. Jesús da una segunda orden de “remar mar adentro”. Como ya había confianza entre ambos, Pedro no pudo negar de responder a la orden del Maestro y le dice: “Maestro, hemos intentado toda la noche y no hemos pescado nada; pero, por tu palabra, echaré las redes”. (Lc. 5,5).

Esta imagen de Pedro es igual que nuestra situación hoy, ante la llamada del Maestro para ser servidores suyos. Un momento de nuestra vida, éramos del montón, comiendo bebiendo, malgastando la vida en vicios, pecados, desorden, antivalores etc.

Hoy el Señor se ha acercado de cada uno de nosotros de manera singular y nos dice personalmente: no sigas siendo indiferente, apártate del mundo, ven a gozar de la experiencia de mi presencia, ya que me gustaría encomendarte una misión particular para el bien de las almas que aún no conocen mi Amor. Quiero que seas testigo de mi Misericordia y que ayudes al Inmaculado Corazón de mi Madre y Madre tuya, a triunfar en este mundo tan pecador.

Por eso, ya no nos quedaremos en la orilla del mar, hoy queremos renunciar a una vida superficial y queremos remar mar adentro, hacia una vida más profunda e íntima con el Señor.

Ahora que hemos entendido la especificidad de nuestra misión, a la que hemos respondido hace casi ya un año (09/01/2017 – 09/01/2018), estamos invitados a renovar nuestra respuesta al Señor, como señal de nuestra obediencia a la constante llamada del Señor a ir creciendo cada día en el conocimiento de sus misterios y de su Amor, para mayor gloria suya y el bien de las almas.

¿A qué estamos llamados?

Estamos llamados a transformar el mundo dónde estemos, dando testimonio sobre las maravillas de nuestro Dios.

Dios se hace escuchar al oído que le presta atención y se acerca a los corazones que se mantienen en la espera.

Cuando el Señor nos recuerda que hemos de remar mar adentro, nos situamos ante la realidad del encuentro y de la experiencia  que nos recuerda que el Señor quiere guiarnos hacia donde encontraremos el verdadero alimento para saciar a nuestras almas.

Remar mar adentro:

  • penetrar el conocimiento de la obra de Dios y descubrir nuestra misión personal.
  • Es salir de la esfera de la sombra para entrar a la Luz Divina.
  • Es ponerse en presencia del Señor, para que la acción salvífica de Jesús se haga presente y eficaz en toda la humanidad y por todas las generaciones. (Lumen Gentium nº28). En otras palabras, estamos invitados a hacer de nuestros corazones la prolongación del Corazón de Jesús, afín de que se haga más cerca de todos.
  • Es abrir nuevos espacios del encuentro en el corazón del hombre, misterio inalcanzable y en los corazones de todos los hombres un océano infinito de la presencia de Dios.

II. Envío o misión.

En primer lugar, es importante que nos quede claro desde el inicio que, el primer terreno de misión somos nosotros mismos. Solo de esta manera, podemos vivir los consejos de la Madre Teresa de Calcuta: «Sembrad el amor allí donde vais: en primer lugar y ante todo en vuestra propia casa. Amad a vuestros hermanos de comunidad… No dejéis que nadie vaya donde vosotros sin que se vaya mejor y más contento. Sed la expresión viva de la bondad de Dios: bondad de vuestro rostro, bondad de vuestra mirada, bondad de vuestra sonrisa, bondad de vuestra cálida acogida”.

  1. La elección

Ante una necesidad de realizar un servicio, suelen surgir pregunta como: ¿Quién puede hacerlo? ¿Quién puede realizar tal cosa?, etc. Siempre buscamos la solución dentro de las posibilidades que están a nuestro alcance. Pero queremos buscar lo mejor, por eso para decidir nos vemos muchas veces invitados a realizar un profundo discernimiento. Pero lo más importante de todo, cuando el Señor nos llama es saber responder con prontitud y renunciar al miedo.  Jesús le mostró a Pedro que, como es El quien lo llama, le pide echar la red, y no tenía por qué dudar.

Nuestra mayor tentación, a la hora de responder a la llamada del Señor, es de mirarnos a nosotros mismos desde nuestras competencias humanas, etc. Nos olvidamos que la misión a la que nos invita el Señor es suya, que nosotros no somos nada más que instrumentos suyos.

  1. Tomar distancia

Cuando el Señor nos llama a su servicio, lo que quiere es estar con nosotros y actuar en nosotros. Por lo tanto, tenemos que renunciar a nuestra vieja vida de pecado, dejar de vivir según el mundo, sino estar en el mundo sin ser del mundo. Aunque el mundo nos odia, tenemos que recordar lo que dijo el Señor: “Yo les he dado tu Palabra, y el mundo los ha odiado, porque no son del mundo, como yo no soy del mundo.” (Jn 17,14)

No hemos de temer de vivir según la Palabra que el Señor nos ha dado, y no según el modelo superficial que nos presenta este mundo inquieto. 

  1. Orden recibida

Pedro recibe la misión de Jesús de remar mar adentro, y Pedro reacciona diciendo: “… por tu palabra, echaré las redes” (Lc. 5,5). Pedro expresa su disponibilidad a la voluntad del Señor, obedece con confianza. Si hubiera pensado en el fracaso de su pesca de la noche, no respondería a la llamada del Señor, porque en ese momento decidiría en función de sus frágiles capacidades humanas.  

Entonces, podemos comprender que el Señor es el dueño de la mies, es Él que da orden para realizar su voluntad; es Él que indica el lugar y da al mismo tiempo los medios para cumplir su misión.

De allí vemos lo que parecía misión imposible durante la noche de pesca de Pedro, cambiar  para ser una experiencia valiosa con la ayuda del Señor.

Por lo tanto, podemos afirmar que la obediencia a la voluntad del Señor es fuente de éxito y de felicidad.

  1. Frutos de la misión

Es importante tener en cuenta que el Señor nos llama para el bien de las almas. Por lo tanto, el contenido de nuestra misión será de expresar una palabra bienaventurada, ser profetas de la esperanza, consolar a las almas desanimadas y abandonadas, etc.

Pero para que todo esto sea posible, estamos invitados a abrirnos al Poder del Espíritu Santo, para preparar nuestros corazones según plan del Señor.

  1. Disponibilidad por Amor

En el centro de cada misión del Señor está el Amor. Porque solo desde el amor por las almas y por Jesucristo que nos envía que podemos responder con prontitud: “he aquí estoy para hacer tu voluntad” (Hebreos 10, 9).  Y también, sólo por amor a Jesucristo podemos entregarnos con el corazón por las almas, aceptando cualquier sacrificio para su gloria y el bien de las almas.

Además, si hacemos cualquier pequeña cosa cotidiana por amor, podremos contribuir a la transformación de la humanidad doliente.

En definitiva, desde el ejemplo de Pedro, cuya vocación nos inspira hoy, podemos decir que el conocimiento de Dios vale más que cualquier otra realidad. Por eso, dejando sus herramientas de pesca, siguió al Señor con alegría y entrega sincera. Hoy el Señor nos invita a mirarnos de dentro para ver todo lo que nos impide ponernos con el corazón en su servicio para el bien de las almas.

Para que todo esto sea posible, tenemos que abrirnos al Espíritu Santo. Jesús cuando envía a Pedro a remar mar adentro, no le deja solo, sino va con él. Por lo tanto, sin el Señor no podemos hacer nada en su nombre. Si realmente queremos servirle al Señor, estamos invitados a estar en unión perfecta con Él.

Somos los «sarmientos» de la cruz, que tienen que producir frutos de conocimiento de Dios y de redención.

Pidamos al Señor la gracia de responder generosamente a su misión, dejándonos guiar por el Espíritu Santo y la Santísima Virgen María.

Recordemos siempre que los frutos de esta misión los daremos donde vivimos y en lo cotidiano de nuestra vida.

Ephrem Tshibamfumu Tiabakweno