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Nuestro Señor Jesucristo dijó a Santa Faustina: «… Escribe, hija Mía, que para un alma arrepentida soy la misericordia misma.  La más grande miseria de un alma no enciende Mi ira, sino que Mi Corazón siente una gran misericordia por ella… (Santa María Faustina Kowalska, La Divina Misericordia en mi alma, Diario nº1739). 

Nosotros, en este grupo, queremos realizar estas obras de misericordia espirituales, con humildad y confianza en el Señor, respondiendo a las palabras de Sor Faustina: «…Tú Mismo me mandas ejercitar los tres grados de la misericordia. […] El tercero:  la oraciónSi no puedo mostrar misericordia por medio de obras o palabras, siempre puedo mostrarla por medio de la oración.  Mi oración llega hasta donde físicamente no puedo llegar…»

Si tomas esta decisión de abrirte y caminar con Jesús, hay que tener la convicción de que ahora mismo Jesús está pasando en tu vida para sanar y bendecirte. Estamos invitados a abrir nuestros corazones para que Jesús nos sane hoy. Los hermanos de este grupo de oración e intercesión, somos humildes testigos de ese amor sanador de nuestro Señor Jesucristo. Estamos a tu disposición. Queremos ayudarte tal y como nos lo pide también nuestra Madre del Cielo, la Reina de la Paz diciendo: «

Queridos hijos, como en otros lugares donde he venido, también aquí os llamo a la oración. 

  1. Orad por aquellos que no conocen a mi Hijo, 
  2.  por aquellos que no han conocido el amor de Dios;    
  3. contra el pecado;    
  4. por los consagrados;  
  5. por aquellos que mi Hijo ha llamado a tener amor y espíritu de fortaleza para vosotros y para la Iglesia.     
  6. Orad a mi Hijo, y el amor que experimentáis por su cercanía, os dará fuerza y os dispondrá para las obras de amor que haréis en su Nombre.  
  7. Hijos míos, estad preparados: este tiempo es un momento crucial. Por eso yo os llamo nuevamente a la fe y a la esperanza.  
  8. Os muestro el camino a seguir: el de las palabras del Evangelio.                                                                                                                                                                                                           Apóstoles de mi amor, el mundo tiene mucha necesidad de vuestras manos alzadas al Cielo, hacia mi Hijo y hacia el Padre Celestial. Es necesaria mucha humildad y pureza de corazón. Confiad en mi Hijo y sabed que siempre podéis ser mejores. Mi Corazón materno desea que vosotros, apóstoles de mi amor, seáis pequeñas luces del mundo; que iluminéis allí donde las tinieblas desean reinar, que con vuestra oración y amor mostréis el camino correcto, salvéis a las almas. Yo estoy con vosotros. Os doy las gracias”.  Mensaje de la Reina de la Paz, del 02 de junio de 2017.

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No existe terapia que supere el Poder Sanador de nuestro Señor Jesucristo. Es tiempo de la Misericordia, tiempo de dejarse amar por Jesús y de confiar en la poderosa intercesión de la Reina de la paz.

Coordinador 2017.

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