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Reflexiones diarias, súplicas y oraciones

Domingo, 17 de julio de 2022.

1. Reflexión

(77) Una vez, después de la Santa Misa Salí al jardín para hacer la meditación; como a esa hora todavía no había pacientes, estaba relajada. Cuando meditaba sobre los beneficios de Dios, mi corazón se inflamó de un amor tan fuerte que me parecía que me reventaría el pecho.  De repente Jesús se puso a mi lado y dijo: ¿Qué haces por aquí tan temprano?  Contesté:  Medito sobre Ti, sobre Tu misericordia y sobre la bondad hacia nosotros.  Y Tu, Jesús, ¿Qué haces aquí?  He salido a tu encuentro para colmarte de nuevas gracias. Busco las almas que quieran aceptar Mi gracia.

Hoy, durante las vísperas, el Señor me hizo saber cuánto le agrada el corazón puro y libre. Sentí que es una delicia para Dios mirar tal corazón….. Pero tales corazones son los corazones de guerreros, su vida es una continua batalla…

(78) + Cuando iba a la terraza, entré un momento en la capilla. Mi corazón se sumergió en una profunda plegaria de adoración, glorificando la inconcebible bondad de Dios y su misericordia.  Entonces escuché palabras:  Soy y seré para ti tal como Me alabas; ya en esta vida experimentarás Mi bondad y en la vida futura [la gozarás] en toda su plenitud (Santa María Faustina Kowalska, La divina Misericordia en mi alma, Diario, 1705).

2. Súplicas:

  • Pidamos la gracia de vivir siempre en la presencia del Señor.
  • Oremos por los matrimonios en crisis, para que se dejen sostener por el Rey de Misericordia.
  • Pidamos al Señor que tenga piedad de nuestra humanidad doliente y por el fin de la propagación de COVID-19 en el mundo entero.
  • Por nuestras intenciones personales.

3. Propósitos del día:

Guardar unos momentos de intimidad con el Señor durante el día de hoy.     

4. Oración Final:

Oh Cristo, tengo mi mayor deleite cuando veo que Tú eres amado, que resuenan Tu honor y gloria y especialmente la alabanza a Tu misericordia.  Oh Cristo, hasta el último instante de mi vida no dejaré de glorificar Tu bondad y misericordia.  Con cada gota de mi sangre, con cada latido de mi corazón glorifico Tu misericordia.  Deseo transformarme por completo en un himno de Tu adoración. Oh Mi Buen Jesús Misericordioso, Rey de Misericordia, confío en Ti y solo en Ti espero. Amén. ¡JESÚS, EN TI CONFÍO! (cf. Diario, 1708).

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«Y no hay alma que no tenga el deber de orar,  porque toda gracia fluye por medio de la oración»  (Diario 146).


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