PREPARACIÓN PARA LA RENOVACIÓN DE LA CONSAGRACIÓN: 11 DE ABRIL DE 2021

DÍA 6
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09 de abril 2021

TEMA: IMPORTANCIA DE LA HORA DE LA DIVINA MISERICORDIA EN NUESTRA INFNANCIA ESPIRITUAL

LECTURA:

“Cuantas veces oigas el reloj dando las tres, sumérgete en Mi misericordia, adorándola y glorificándola; suplica su omnipotencia para el mundo entero y, especialmente, para los pobres pecadores, ya que, en ese momento, se abrió de par en par para cada alma” (Diario, 1572).

ORIENTACIÓN

  • Es el momento de encuentro entre la miseria humana y la gracia divina,
  • Es el momento en el que la infancia espiritual (es decir el reconocimiento de nuestra miseria) recibe la fuerza, la gracia y la ayuda necesaria para emprender con firmeza el camino de la perfección,
  • Para que en ese encuentro de corazones aprendamos a hacer de nuestros corazones una morada digna para el Rey de Misericordia,
  • En esta hora aprendamos a confiar para que el Rey de Misericordia nos llene de Él,
  • La importancia de esa hora es de glorificar la misericordia del Señor y de dejarnos transformar en misericordia,
  • La oración que hacemos en esa hora nos puede ayudar para que aprendamos a ser un vivo reflejo del Rey de Misericordia del Señor,
  • En esa hora recogemos la fuerza, recibimos la ayuda del Rey de Misericordia para que podamos cooperar con Él y aprender de Él para el bien del prójimo,
  • También aprovechamos para renovar nuestra relación después de la caída, aprendemos a glorificar al Señor, pedirle perdón, recogemos la fuerza para dar respuesta a su llamada,
  • El Señor quiere que seamos misericordiosos como Él es Misericordioso, pero somos conscientes que por nuestra propia fuerza no podemos hacer nada, somos la miseria misma, por eso en esa hora, recibimos la gracia de depender de Él y esperar todo de Él con confianza,
  • En esta hora, el Rey de Misericordia se da a nosotros y quiere derramar las llamas de su gracia divina y de compasión sobre nosotros, quiere que aceptemos esa gracia con confianza y humildad (Diario 177),
  • El Rey de Misericordia nos llama, y en esa hora Él quiere llenarnos de Él para que seamos un vivo reflejo de su amor misericordioso,

En esta hora, ningún alma que se acerca con confianza y obediencia a la voluntad del Señor, se puede retirar con las manos vacías. Para ello, cuando nos acercamos a la hora de la divina misericordia para unir nuestros corazones con el Corazón misericordioso del Rey de Misericordia, hemos de seguir estos consejos que Él mismo, nuestro Rey de Misericordia nos da: Has de saber, […], que Mi Corazón es la Misericordia Misma.  De este mar de misericordia las gracias se derraman sobre el mundo entero.  Ningún alma que se haya acercado a Mí, se ha retirado sin consuelo.  Toda miseria se hunde [en] Mi misericordia y de este manantial brota toda gracia, salvadora y santificante.  […] deseo que tu corazón sea la sede de Mi misericordia.  Deseo que esta misericordia se derrame sobre el mundo entero a través de tu corazón.  Cualquiera que se acerque a ti, no puede retirarse sin confiar en esta misericordia mía que tanto deseo para las almas.  Reza, cuanto puedas, por los agonizantes, impetra para ellos la confianza en Mi misericordia, porque son ellos los que más necesitan la confianza quienes la tienen muy poca.  Has de saber que la gracia de la salvación eterna de algunas almas en el último momento dependió de tu oración.  Tu conoces todo el abismo de Mi misericordia, (129) entonces recoge de ella para ti y especialmente para los pobres pecadores.  Antes el cielo y la tierra se vuelven a la nada, que Mi misericordia deje de abrazar a un alma confiada (Diario 1777).  

El rey de Misericordia nos ofrece su Corazón como escuela donde hemos de formarnos, hemos de prepararnos para ser reflejo de su amor en medio de nuestros hermanos; la hora de la divina misericordia es el momento propicio para recibir las gracias del Señor tanto para nosotros como para los demás; la infancia espiritual es la actitud que favorece nuestra dependencia y acceso a la gracia del Señor; nuestra respuesta es la puerta para que el Rey de Misericordia entre en nosotros y derrame sobre nosotros su gracia; pedir ayuda al Rey de Misericordia es una actitud que nos permite aprender y reconocernos instrumentos en las manos del Señor.

En definitiva, para concretar esta cooperación a la gracia del Señor, como niños que queremos experimentar una verdadera infancia espiritual, os proponemos esta oración o plegaria que podemos usar como plegaria-programa que hemos de vivir durante nuestra estancia de la infancia espiritual. Se trata de una oración que nosotros, consagrados a la divina misericordia llamamos plegaría de un alma consagrada a la divina misericordia:

Ejercicio general. + Cuantas veces respira mi pecho, cuantas veces late mi corazón, cuantas veces pulsa la sangre en mi cuerpo, esa cantidad por mil, es el número de veces que deseo glorificar Tu misericordia, oh Santísima Trinidad.

+ Deseo transformarme toda en Tu misericordia y ser un vivo reflejo de Ti, oh Señor.  Que este más grande atributo de Dios, es decir Su insondable misericordia, pase a través de mi corazón al prójimo.

Ayúdame, oh Señor, a que mis ojos sean misericordiosos, para que yo jamás recele o juzgue según las apariencias, sino que busque lo bello en el alma de mi prójimo y acuda a ayudarla.

Ayúdame a que mis oídos sean misericordiosos para que tome en cuenta las necesidades de mi prójimo y no sea indiferente a sus penas y gemidos.

Ayúdame, oh Señor, a que mi lengua sea misericordiosa para que jamás hable negativamente de mis prójimos, sino que tenga una palabra de consuelo y perdón para todos.

Ayúdame, oh Señor, a que mis manos sean misericordiosas y llenas de buenas obras para que sepa hacer sólo el bien a mi prójimo y cargue sobre mí las tareas más difíciles y más penosas.

Ayúdame a que mis pies sean misericordiosos para que siempre me apresure a socorrer a mi prójimo, dominando mi propia fatiga y mi cansancio.  Mi reposo verdadero está en el servicio a mi prójimo.

Ayúdame, oh Señor, a que mi corazón sea misericordioso para que yo sienta todos los sufrimientos de mi prójimo.  A nadie le rehusaré mi corazón.  Seré sincera incluso con aquellos de los cuales sé que abusarán de mi bondad.  Y yo misma me encerrare en el misericordiosísimo Corazón de Jesús.  Soportaré mis propios sufrimientos en silencio.  Que tu misericordia, oh Señor mío, repose dentro de mí.

+ Tú Mismo me mandas ejercitar los tres grados de la misericordia.  El primero:  la obra de misericordia, de cualquier tipo que sea.  El segundo:  la palabra de misericordia; si no puedo llevar a cabo una obra de misericordia, ayudaré con mis palabras.  El tercero:  la oración.  Si no puedo mostrar misericordia por medio de obras o palabras, siempre puedo mostrarla por medio de la oración.  Mi oración llega hasta donde físicamente no puedo llegar. Oh Jesús mío, transfórmame en Ti, porque Tú puedes hacer todo.” (Diario 163).

Con todo esto, se concluye la parte teórica de este escrito. Cada uno puede, con la Luz del Espíritu Santo, elaborar su programa durante el proceso de la infancia espiritual. En el próximo capítulo, trataremos de preparar para vosotros, queridos devotos a la divina misericordia y candidatos para proclamar el Triunfo del Rey de Misericordia en nuestra infancia espiritual, una serie de reflexiones diarias que recomendamos para la hora de la divina misericordia como momento favorable para nuestro encuentro con el Rey de Misericordia.   

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«Y no hay alma que no tenga el deber de orar,  porque toda gracia fluye por medio de la oración»  (Diario 146).


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