AÑO 2022

FORMACIÓN PERMANENTE DE LAS ALMAS CONSAGRADAS A LA DIVINA MISERICORDIA

Charla #1

TEXTOS DE REFERENCIA Y REFLEXIONES

Lograremos proclamar el Triunfo del Rey de Misericordia en nuestra vida, cuando aprendamos a acercarnos a Él con confianza.

 

Sor Faustina nos dice: «Si el alma desea experimentar una mayor misericordia de Dios, acérquese a Dios con gran confianza y si su confianza es sin límites, la misericordia de Dios será también para ella sin límites» (Diario, 1489).
Esto quiere decir que, aceptar o rechazar la gracia del Señor depende de nosotros. Somos nosotros, que, por nuestra soberbia, ponemos límites a la misericordia del Señor. Por eso hoy, el Rey de Misericordia nos invita a vivir la infancia espiritual, siendo como niños en sus brazos para recibir todo de su misericordia y depender de Él. Y el momento por excelencia en el que hemos de recoger esta gracia es a la hora de la divina misericordia. Teniendo en cuenta lo anteriormente mencionado, me gustaría subrayar aquí una de las promesas más importantes que el Rey de Misericordia hace a todos sus niños que confíen en su misericordia: «Al que haya depositado su confianza en Mi misericordia, en la hora de la muerte colmaré su alma con Mi paz divina» (Diario, 1520). ¿Quién podría permanecer indiferente ante la grandeza de esta promesa? Volvamos a recordar con Santa Faustina: «Se condenará solamente el alma que lo quiera, porque Dios no condena a nadie» (Diario, 1452). Porque el Rey de Misericordia nos espera siempre con ternura, con los brazos abiertos y sin reproche alguno, respetando siempre nuestra libertad, que es el don más perfecto que recibimos de Dios padre desde la creación. Sin embargo,

si queremos ser esos niños de los que el Rey de Misericordia espera que saquen provecho de su gracia, es importante que reconozcamos que, como nos lo dice la Reina de la Paz en uno de sus mensajes que nos transmite desde Medjugorje, nuestra libertad es nuestra debilidad  (cf. 13 Mensaje de la Virgen María, Reina de la Paz, Medjugorje, 25 de febrero de 2007).

Por eso, el Rey de Misericordia nos invita a vivir la infancia espiritual, a dejarnos ayudar, a manifestar la voluntad de aprender de Él y ponernos confiadamente en sus manos poderosas. Lo dice Él mismo en estos términos: «Cuando un alma vea y conozca la gravedad de sus pecados, cuando a los ojos de su alma se descubra todo el abismo de la miseria en la que ha caído, no se desespere, sino que se arroje con confianza en brazos de Mi misericordia, como un niño en brazos de su madre amadísima. Estas almas tienen prioridad en Mi Corazón compasivo, ellas tienen preferencia ante Mi misericordia» (Diario, 1541).
Una vez más, el Rey de Misericordia nos revela que en su Corazón hay sitio para todos, Él nos espera para restaurar nuestra dignidad y todo lo que se ha roto en nuestras vidas. Para concluir este apartado, ilustrando la importancia de la confianza en la vida de un alma que tiende a la perfección, podrían ponerse de relieve muchos ejemplos y citas del Diario

de Santa Faustina. Basten estos consejos y esta invitación del Rey de Misericordia: «Que las almas que tienden a la perfección adoren especialmente Mi misericordia, porque la abundancia de gracias que les concedo proviene de Mi misericordia. Deseo que estas almas se distingan por una confianza sin límites en Mi misericordia. Yo Mismo Me ocupo de la santificación de estas almas, les daré todo lo que sea necesario para su santidad. Las gracias de Mi misericordia se toman con un solo recipiente y éste es la confianza. Cuanto más confíe un alma, tanto más recibirá. Las almas que confían sin límites son Mi gran consuelo, porque en tales almas vierto todos los tesoros de Mis gracias. Me alegro de que pidan mucho, porque Mi deseo es dar mucho, muchísimo. Me pongo triste, en cambio, si las almas piden poco, estrechan sus corazones» (Diario, 1578).

IMPORTANTÍSIMO:

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Datos del libro: Ephrem Tshibamfumu T., El Triunfo del Rey de Misericordia en la vida de un alma consagrada a la Divina Misericordia. 9 días de preparación para la renovación de la consagración a la Divina Misericordia, BuenasLetras, Madrid 2021, pp. 121-122

 

Promesas del Rey de Misericordia a las almas consagradas que confían sin límites (cf. Diario, 1578):

 

  • «Yo Mismo Me ocupo de la santificación de estas almas»
  • «Les daré todo lo que sea necesario para su santidad»
  • Recibirán en abundancia todo lo que deseen.
  • «Les daré mucho».

 

PREGUNTAS PARA LA REFLEXIÓN PERSONAL

  • Como alma consagrada a la Divina Misericordia, ¿puedes confirmar que vives confiadamente bajo los rayos de las gracias del Rey de Misericordia? (Revísate y si no es así, acude a la confesión o a la dirección espiritual para evaluar lo que dificulta tu confianza en el Señor).
  • Tú eres un alma consagrada a la Divina Misericordia, ¿por qué las promesas del Rey de Misericordia no se cumplen en tu vida? (Revísate y revisa tu relación con Él).
  • ¿Qué hay en ti que esté obstaculizando a la gracia del Señor en tu vida?
  • Preguntarse: ¿Cómo debe ser mi actitud si soy consciente de que mi debilidad al igual que mis miserias son mi propiedad exclusiva? (cf. Diario, 1318).

Consejos:

 Procura alejarte de caminos equivocados, déjate guiar por el Espíritu Santo y confía plenamente en el Señor.

  • Evita de caminar solo en tu vida espiritual y procura depender siempre de la gracia del Señor.
  • Evita discutir con la tentación y enciérrate en el Corazón de Jesús.
  • Recuerda siempre que toda gracia fluye de la oración(que la oración sea tu fuerza),
  • Aparta el miedo, no dudes del amor del Señor, procura vivir con serenidad, pero siempre con la pureza de intención,
  • Esfuérzate en el camino de la perfección, pero cuenta siempre con la ayuda del Señor.

ORACIÓN

Oh Salvador del mundo, me uno a tu misericordia. Oh Jesús mío, uno todos los sufrimientos a lo los tuyos y los deposito en el tesoro de la Iglesia para el provecho de las almas. Oh Mi Buen Jesús Misericordioso, Rey de Misericordia, en Ti confío y únicamente espero en Ti. Amén. ¡JESÚS, EN TI CONFÍO! (cf. Diario, 740).

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«Y no hay alma que no tenga el deber de orar,  porque toda gracia fluye por medio de la oración»  (Diario 146).