Réflexions quotidiennes et prières pour l’heure de la Miséricorde Divine

Miércoles, 29 mars 2023

1. Reflexión

Durante una meditación sobre la humildad me volvió la vieja duda de que un alma tan miserable como la mía, no cumpliría la tarea que el Señor exigía. En el mismo momento en que yo analizaba esa duda, el sacerdote que predicaba los ejercicios espirituales, interrumpió el tema de la predica y dijo justamente lo que yo tenía en duda, es decir, que Dios elige generalmente a las almas más débiles y más simples como instrumentos para realizar sus obras más grandes, y ésta es una verdad incontestable.

Veamos a quiénes eligió como Apóstoles, o veamos la historia de la Iglesia, qué obras tan grandes realizaron las almas que eran las menos aptas para hacerlo, porque justamente en esa forma las obras de Dios se revelan como tales.  Cuando mi duda cedió completamente, el sacerdote volvió al tema sobre la humildad. Jesús, como siempre durante cada predica, estaba en el altar y no me decía nada, sino que con su mirada penetraba amablemente mi pobre alma que [ya] no tenía ninguna excusa (Santa María Faustina Kowalska, La divina Misericordia en mi alma, Diario, 464).

2. Súplicas:

  • Pidamos la gracia de reconocer que somos instrumentos del Señor y que hemos de hacer todo en su Nombre y para su Gloria.
  • Pidamos la gracia de renunciar a nuestra soberbia.
  • Pidamos al Señor que tenga piedad de nuestra humanidad doliente y por el fin de la propagación de COVID-19 en el mundo entero.
  • Por nuestras intenciones personales.

3. Propósitos del día:

     Renunciar a la soberbia y abrirme a la gracia del Señor.  

4. Oración Final:

Jesús, Verdad Eterna, fortalece mis fuerzas débiles. Tú, oh Señor, lo puedes todo. Sé que sin Ti mis esfuerzos no valen nada. Oh Jesús, no Te ocultes ante mí, porque no puedo vivir sin Ti. Escucha el llamado de mi alma; no se ha agotado, Señor, Tu misericordia pues ten piedad de mi miseria. Tu misericordia supera la inteligencia de los ángeles y de los hombres juntos, y aunque me parece que no me escuchas, no obstante he depositado mi confianza en el mar de Tu misericordia y sé que mi esperanza no será defraudada. Oh Mi Buen Jesús Misericordioso, Rey de Misericordia, confío en Ti y solo en Ti espero. Amen ¡JESÚS, EN TI CONFÍO! (cf. Diario, 69).

Libro correspondiente a estas reflexiones: Disponible aquí.

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