Sábado, 2 de marzo de 2024

TEMA:

Llamados a  una sincera «infancia del espíritu».

 

1. ORACIÓN INICIAL

ORACIÓN AL ESPIRITU SANTO (Cardenal Verdier)

 

2. LECTURA

+ Jueves. Al empezar la Hora Santa, quería sumergirme en la agonía de Jesús en el Huerto de los Olivos.  De repente oí en el alma la voz:  Medita los misterios de la Encarnación.  Y de pronto, delante de mi apareció el Niño Jesús de una belleza resplandeciente.  Me dijo cuánto agradaba a Dios la sencillez del alma.  Aunque Mi grandeza es inconcebible, trato solamente con los pequeños, exijo de ti la infancia del espíritu. (Santa María Faustina Kowalska, Diario, La Divina Misericordia en mi alma, Diario 332)

(Después de la lectura: 5 MINUTOS DE SILENCIO ORANTE: para que este mensaje entre en nosotros e ilumine nuestra vida. En este silencio, cada uno de nosotros ha de situarse en el relato que hemos escuchado)

3. PREGUNTAS DE REFLEXIÓN

  1.  ¿Puedo confirmar humildemente que soy ese pequeño o esa pequeña con quien el Rey de Misericordia quiere estar en este momento?
  2. ¿Qué entiendo por «infancia del espíritu» que el Rey de Misericordia exige de mí?
  3. ¿Qué descubro hoy en «los misterios de la Encarnación» que el Rey de Misericordia me recomienda meditar hoy?
  4. ¿Qué me impide recibir o percibir el mensaje que el Rey de Misericordia me comunica cada día a través de distintos acontecimientos que marcan mi vida?
  5. ¿Quién es Jesús para mí?
  6. ¿Qué actitud debe guiar mi vida durante este tiempo de Adviento, para que el Niño Jesús nazca en mi vida y encuentre una morada digna en mi corazón?
  7. ¿Con qué virtudes puedo relacionar estas dos expresiones que usa el Rey de Misericordia: “ser pequeños” y “la infancia del espíritu”?

4. ORIENTACIÓN

  • Revisar la actitud con la que entro en comunión con el Rey de Misericordia.
  • Comprobar si realmente suelo observar el silencio interior en mis momentos de intimidad con el Señor.
  • Pedir la gracia de vivir una devoción humilde y ser obediente a la voluntad del Señor.
  • Confiar plenamente en el Rey de Misericordia que siempre viene a mí y quiere instruirme sobre la vida de gracia.
  • Pedir perdón al Señor por las veces que he querido ser yo mismo protagonista en mis momentos de oración.
  • Reflexionar sobre la soberbia, la humildad, la seriedad y la sinceridad en la vida cristiana católica.

COMPARTIR EN GRUPO, EN FAMILIA O MEDITAR PERSONALMENTE (Reflexionar personalmente, sentir y gustar lo que el Señor te comunica a ti en este momento para ayudarte en la meditación y en la oración.) (SILENCIO) En el silencio del corazón, meditemos las frases o palabras que nos han llamado la atención de manera personal, y descubramos con la luz del Espíritu Santo: ¿Por qué esa palabra o frase me ha tocado a mí? ¿Qué me quiere decir el Señor hoy, a mí, personalmente?

5) PRECES y ACCIÓN DE GRACIAS (INTENCIONES LIBRES)

Oremos también, por las Intenciones de la Reina de la paz, por el fin de la propagación de la pandemia de COVID-19, por las almas del purgatorio, etc.

  • Padre Nuestro
  • Ave
  • Gloria

6. ORACIÓN FINAL:

Deseo con todo el corazón que cada respiro de mi vida, que cada latido de mi corazón, que cada palpitación mía alaben tu Misericordia, ¡Oh Santísima Trinidad! Señor, quiero transformarme todo entero en tu misericordia y ser un vivo reflejo de ti. ¡Oh Señor! que el más grande de los atributos divinos, el de tu Misericordia infinita, pase por mi alma y mi corazón hacia mi prójimo.
Ven en mi ayuda, Señor, con el fin de que mis ojos estén llenos de misericordia, de manera que jamás juzgue ni sospeche de nadie según las apariencias externas, sino que mire la belleza en el alma de mí prójimo y acuda a socorrerlo. Haz que mi oído esté lleno de misericordia para que pueda inclinarme sobre las necesidades del prójimo y que no quede indiferente a sus males y a sus lamentos.
¡Socórreme, Señor para que mis labios rebosen de Misericordia, para no hablar mal de mi prójimo, sino que tenga para cada uno palabras de consuelo y de perdón!
¡Ayúdame, Señor, para que mis manos sean caritativas y llenas de buenas acciones, de manera que no deje de hacer el bien a mi prójimo y que coja los compromisos más pesados y más comprometedores!
¡Haz, oh Señor, que mis pies sean misericordiosos, de manera que lleven siempre auxilio a mi prójimo, dominando mi cansancio y fatiga! ¡Que mi verdadero descanso sea servir a mi prójimo!
¡Haz, oh Señor, que mi corazón esté lleno de misericordia, de manera que los sufrimientos de mi prójimo sean como míos! No negaré mi corazón a nadie, atenderé sinceramente también a aquellos que, lo sé, abusarán de mi bondad. Y me encerraré yo mismo confiadamente en el Corazón Misericordioso de Jesús. Callaré mis propios sufrimientos.
¡Que tu Misericordia descanse en mí, oh mi Dios! Eres tú mismo quien me ordenas ejercitarme en los tres grados de la misericordia. El primero es el acto de misericordia de cualquier género. El segundo, es la palabra de misericordia, pues si no puedo llevar a cabo con la obra, ayudaré con la palabra. El tercero, es la oración, ya que, si no puedo demostrar la misericordia ni con hechos ni con palabras, puedo siempre hacerlo con la oración; porque ella llega allá donde no puedo entrar físicamente. ¡Oh Jesús mío, transfórmame en ti, puesto que tú eres Omnipotente! Jesús en Ti confío y solo en Ti espero. Amén.

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