Reflexiones diarias, súplicas y oraciones

1. Reflexión

Jesús, Divino prisionero del amor, cuando considero Tu amor y como Te has anonadado por mi, mis sentidos desfallecen.  Encubres Tu Majestad inconcebible y Te humillas rebajándote a mí, un ser miserable.  Oh Rey de la Gloria, aunque ocultas Tu hermosura, el ojo de mi alma desgarra el velo.  Veo a los coros de ángeles que te honran incesantemente y a todas las potencias celestiales que Te alaban sin cesar y que Te dicen continuamente:  Santo, Santo, Santo.

Oh ¿Quién comprenderá Tu amor y Tu misericordia insondable hacia nosotros?  Oh prisionero del amor, encierro mi pobre corazón en este tabernáculo para adorarte sin cesar día y noche.  No se dé ninguna objeción a esta adoración, y aunque estoy físicamente lejos de Ti, mi corazón esta siempre Contigo.  Nada puede impedir mi amor hacia Ti.  No existe ningún obstáculo para mí.  Oh Jesús, Te consolare por todas las ingratitudes, por las blasfemias, por la tibieza, por el odio de los impíos, por los sacrilegios.  Oh Jesús, deseo arder como víctima pura y anonadada delante del trono de Tu escondite.  Te ruego incesantemente por los pecadores agonizantes (Santa María Faustina Kowalska, La divina Misericordia en mi alma, Diario, Diario, 80).

2. Súplicas:

  • Pidamos la gracia de contemplar la gloria de Dios en nuestras vidas y de proclamar que su Misericordia es eterna.
  • Oremos por los sacerdotes y los religiosos para que se alejen del mundo y sean verdaderos testigos del amor del Señor, oramos por los adolescentes para que vivan su juventud bajo el temor de Dios.
  • Por nuestra humanidad doliente,
  • Por las almas del Purgatorio,
  • Por las intenciones de la Virgen María,
  • Por nuestra Santa Iglesia Católica,
  • Por nuestras intenciones personales

3. Propósitos del día:

Que mi vida sea para la gloria de Dios.     

4. Oración Final:

Oh Santa Trinidad, Dios Uno e Indivisible, bendito seas por este gran regalo y testamento de misericordia. Oh Jesús mío, para compensarte por los blasfemos, callaré cuando me reprendan injustamente, para satisfacerte aunque sea en una pequeña parte.  En mi alma Te estoy cantando continuamente un himno y nadie lo puede sospechar ni entender.  El canto de mi alma lo conoces sólo Tú, oh Creador y Señor mío. Oh Mi Buen Jesús Misericordioso, Rey de Misericordia, confío en Ti y solo en Ti espero. Amén. ¡JESÚS, EN TI CONFÍO! (cf. Diario, 81).

Libro correspondiente a estas reflexiones: Disponible aquí.

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